Si hoy tuviera 18 años y quisiera trabajar rápido, no me iría a la universidad por inercia. Miraría una tabla como esta.

Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma. Grado Superior. 94,2% de inserción laboral. 28.000€ de salario inicial bruto anual.
Léelo otra vez: de cada 100 que terminan, 94 entran a trabajar en menos de seis meses. Eso no es una salida profesional, es casi una garantía.
Y no es un caso aislado. Administración de Sistemas Informáticos en Red, 93,1%, 27.000€. Higiene Bucodental, 92,3%, 24.000€. Energías Renovables, 91%, 26.000€. Mantenimiento Aeromecánico de Aviones, 90,1%, y el salario más alto de toda la lista: 30.000€.
Diez ciclos. Todos de Grado Superior. Todos por encima del 86% de inserción. Ninguno por debajo de los 22.000€ al año.
Mientras unos siguen debatiendo si "la FP es de segunda", hay chavales de 19 años manteniendo aviones, programando aplicaciones o instalando placas solares. Nadie les pide nota de selectividad. Les piden que sepan hacer el trabajo.
El patrón es claro: tecnología, sanidad, energía e industria. Los sectores que no dependen de modas, sino de necesidades reales que no van a desaparecer. Aviones que hay que mantener. Dientes que hay que cuidar. Redes que hay que administrar. Eso no lo sustituye ni la IA ni una crisis económica.
La universidad no es mala. Es lenta y, muchas veces, incierta. A los 18 años no necesitas prestigio, necesitas una puerta que abra rápido y un sueldo que te haga independiente antes que a tus compañeros.
La FP, bien elegida, es esa puerta.
¿La universidad? Algún día. Primero, currículum.
